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Manejáis la ira como un sucedáneo de leves debilidades. Cubrís pendientes que discurren sobre llano, con un solícito afán de no llegar a destino alguno. Masticáis un aire que carece de densidad. Bebéis de fuentes mal drenadas, donde brotan líquenes de cartón pluma. Sofisticáis lo banal, lo eleváis como si de jade se tratara. No conocéis puertos, ignoráis los flecos más prominentes. Habéis tentado la ley de los espejos, y la de las sombras. Confiáis en un cuerpo celeste muerto. Desconocéis la caducidad de vuestras semillas. Habláis lento, pensáis con premura, consumís el tiempo con la negligencia de los neonatos. Respetáis lo inasumible. Transgredís las lindes más desgastadas. Sobreestimáis la calidad de cualquier alma. Soñáis con franjas de vida. Teméis a las entretelas de la muerte. Mentís en rincones mal iluminados, os caéis en las zanjas menos escarpadas. Os amorráis a los necios, os colgáis de los mezquinos, hacéis de los cuerdos héroes. Mamáis de ubres ponzoñosas. Segáis ignorando el barbecho. Huís de las flechas de luz, no esquiváis la penumbra enlatada. Mezcláis sin criterio los minerales más recios. Convertís en arena la angustia, transformáis en mercurio el horror. Escaláis barrancos de fiebre, os despeñáis por charcos de amor. Conseguís hilar las más vanas aspiraciones, perdéis sin remedio la noción de la soberbia. Habitáis un solsticio miserable de cadencia proscrita. Encalláis en trechos abisales. Pendéis de simples soliloquios, blandís una osadía de hiedra azul. Adoráis un arcoíris forjado en la penumbra, calmáis la sed con el sol. Consideráis al suicidio un fenómeno efervescente. Masculláis a media voz. Ahogáis el eco del estanque en un verso. Mentís. Asociáis la demencia al primer beso. No conocéis fragua alguna. Erráis al enumerar las mentiras divinas. Agotáis a las bestias del invierno. Sosegáis un esfuerzo en la cumbre del despropósito. Medís la ignorancia en lustros. Derretís las pasiones invertebradas, os asociáis a la inercia del dolor. No sois la respuesta a lo eterno. Sois sólo vosotros.

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2 pensamientos en “Vosotros

  1. ¿Eres consciente de la tensión que genera este texto?
    Se me acelera la respiración y no puedo defenderme. Ni siquiera llego a entenderlo bien, puede que ni a groso modo.

    No deseo una aclaración, sólo con leer no deja indiferente. Y diría que he visto un dedo señalándome con ímpetu y desaprobación.

  2. Naturalmente, es un texto que se va envenenando, como una pendiente. Es breve pero hiriente. Aunque no lo entiendas, te sientes claramente apuntado, si bien más que desaprobación u hostilidad, destila condescendencia. Pero es más ensayístico que otra cosa, así que no hay por qué sentirse ofendido en ningún caso.

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