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Hace poco leí que había comenzado el juicio por un asesinato cometido a principios de siglo, y hasta aquí todo normal, ya sabemos que ésta, nuestra “justicia”, suele ser lenta cual tortuga maniatada; lo curioso del caso reside en el modus operandi del asesino. El hombre, con su medio siglo largo a cuestas, dormía profundamente cuando se levantó para cometer su tropelía -valiente contradicción-. Fue un ejercicio de parasomnia, según los expertos, un trastorno del sueño que engloba cuatro tipos, de los cuales este individuo eligió un poco de cada uno sin darse cuenta, aunque en mi opinión todo suena a burda excusa, a un montaje. Según él, soñaba que dos avestruces le estaban atacando ferozmente, y claro, presa del pánico, tuvo la idea de enarbolar un hacha y un martillo para defenderse. La mujer y la suegra salieron a su paso, asustadas supongo por el trajín nocturno, y él, en pleno éxtasis aniquilador, acabó con ellas pensando que eran los enormes pajarracos. Lo que me hace sospechar de su verdadera intención es la presencia de la suegra, a quien seguro deseaba dar muerte; la esposa fue un daño colateral, una mártir de la buena causa, es decir, se la cargó para disimular, o quizá, una vez puesto en marcha, pensó que no era tan mala idea matar dos pájaros de un tiro, nunca mejor dicho. A las suegras se las suele comparar con otro tipo de aves, como grullas o pájaros de mal agüero, o incluso con especies de otras ramas, desde zorras hasta víboras, pero… ¿avestruces? Aunque es cierto que a veces se deben tener unos huevos como los de estos animales -u ovarios, seguramente bastante grandes también- para soportar a una suegra. De hecho, el Tribunal de la Rota Romana acaba de incluir a las suegras como motivo fehaciente y suficiente para un divorcio, y si lo dicen ellos es que los topicazos son ciertos. Volviendo al uxoricida-avicida, tras tumbar a las dos mujeres decidió dar buena cuenta de sus retoños. No especificó si también los confundió con avestruces o si pensó que eran pollos de corral, pues atacó con menos ímpetu y, por suerte, la hija sólo sufrió heridas y el hijo logró arrebatarle el hacha. Acto seguido, se defenestró, bien para suicidarse o para huir volando -¿se creería también un pájaro?-, pero aterrizó sobre un coche y sobrevivió. No sabemos cómo se solventará el juicio, si los descerebrados que tomen la decisión creerán una milonga tan pueril y lo dejarán ir, como pide la defensa, o si lo enchironarán. Espero sea lo segundo. También no hace mucho, condenaron a una joven a seis meses de cárcel por arrancarle media lengua a su novio de un mordisco, y ahora el pobre no puede emplear ciertas consonantes, dentales y palatales principalmente. Supongo que romperá con ella, aunque la quiera, porque las discusiones serían imposibles -mira que nos encanta discutir con la pareja- sin poder pronunciar cosas como: ¡Tu madre es un avestruz de mierda!
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