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Ay, qué horrible puede llegar a ser la mezcla de café e insomnio… Al final estoy usando el blog para hacer tiempo mientras éste último se decide a desaparecer, algo que últimamente se demora demasiado, como antaño. Mi cuerpo parece llevar un horario diametralmente distinto al que debería emplear para amoldarse a las exigencias de la rutina y al ritmo de vida local, y eso me lo estoy tomando como una señal, una sugerencia incluso. Parece querer desvincularse de dicho entorno y se ha autoajustado a otro, situado unos cuantos meridianos más hacia el oeste, así por las buenas. Tengo jet lag sin haber salido de casa. Qué cosas… No sé hasta qué punto esto puede afectar al día a día, pero el caso es que hoy me han dicho algo que ha removido mi conciencia y desconozco si se puede deber al desajuste cognitivo de mi soporte carnal. Hoy alguien me dijo que siempre tengo la misma cara, y al no haber solicitado aun los matices sobre esta afirmación tan superflua como demoledora me siento intrigado respecto a si será verdad. Afortunada o desafortunadamente -no sé cual- no puedo verme el gesto las veinticuatro horas del día, y el ser algo esquivo a los objetos especulares me impide colocarme uno frente al rostro durante tanto tiempo. En cualquier caso, me gustaría probarlo, grabarme la cara un día entero y pasarme el siguiente víendome con un jet lag tan desmesurado como el que padezco. A buen seguro mi faz variaría constantemente al comprobar los resultados. Sería un extrañísimo ejercicio de autoanálisis verme en un espejo sometido a la diferencia horaria, como si el yo que contemplase no fuese el del día anterior, sino más bien el que sería varías franjas terrestres más a la izquierda, igual pero distinto, un alter ego tal vez más feliz que el ego gracias a estar donde al parecer habría de estar. ¿Una visión del pasado en el presente que en realidad es una visión del futuro? También lo desconozco, hoy en día si algo me es inherente, eso es la incerteza absoluta, y todo apunta a que sólo el paso del tiempo ira desvelando el porvenir. Pero qué diablos, en el fondo todo es coyuntural. De todos modos investigaré para ver si mi expresión es tan monótona, y espero que no sea así, porque eso me convertiría en una especie de autómata, y los aborrezco con toda mi alma desfasada. Odiaría parecer un busto, siempre con el mismo semblante, y deduzco que se trataría de uno no demasiado elocuente o expresivo. Además, sólo te hacen un busto cuando te has muerto, lo que sería una pésima señal y un hurto desproporcionado, pues apenas tengo más posesiones apreciadas que la vida. Creo haber descubierto otro miedo más, un nuevo temor: ahora también tengo pánico al hieratismo, y aunque el aspecto de la realidad sólo suele invitar a componer un gesto de proverbial indiferencia, soy de los que piensan que al mal tiempo buena cara. Mientras tanto, sálvese quien pueda…

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